Enrique Brinkmann, así de grande

Con motivo de su nombramiento ayer, como Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, reproducimos una excepcional publicación de Juvenal Soto que salió el 25 de Enero de 1999 en el Diarión digital EL PAIS, donde se hace una semblanza acertadísima del este pintor de la generación del 50.

V a para los 61 de su edad este hombre que abrió los ojos justo donde termina, a las cinco en punto de la tarde, la sombra del obelisco de la plaza de la Merced. En la cripta que hay bajo ese obelisco, que hace de aguja del reloj solar que es toda la plaza, yacen los restos de Torrijos y sus compañeros -“A la vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos”-, fusilados por Fernando VII y por la libertad -es decir, por su ausencia-, esa cosa que, entre nosotros y para nuestra desgracia, casi siempre tuvo algo de OVNI y del más allá. Al amparo de esta misma sombra, otro niño pintor, Pablito Ruiz Picasso, echó los pinceles de leche viendo palomas acosadas por el buche de los grandes machos pisadores, como si el deseo fuese un estruendo de alas abiertas que te llamasen desde el fondo de una caracola puesta en el vértice de un obelisco, en mitad de una plaza hermosa y mediterránea que guarda en sus entrañas la canina de los fusilados por un reyezuelo, tirano de tres al cuarto. Pero Enrique ha ido adquiriendo con el vértigo de los años la forma de sus dibujos, de manera que ahora mismo sus amigos nos escamamos por saber si quien fuma frente a nosotros y, en ocasiones, emite uno o dos monosílabos es Enrique Brinkmann, o es cualquiera de sus diseños inquietantes. La cosa empezó en 1957, también en una plaza -la de la Constitución, desde La Pepa, y, con Franco, de José Antonio Primo de Rivera, aunque no más de media docena la nombrase así en Málaga-, allí expuso sus primeros mamarrachos un Brinkmann joven que aún no conocía la existencia de otro pintamonas llamado Modigliani -la crítica local de entonces tachó de “mamarrachos” los cuadros de Enrique, “un pintor notablemente influenciado por Modigliani”- y que ante la insistencia del crítico local -falangista, funcionario de los sindicatos verticales, bigotito, yugo con flechas a la altura de la tetilla izquierda y apañao el hombre para las chapuzas de aquel periódico (¡joder, es como si no hubiese pasado el tiempo en ese periódico!)- no tuvo otra alternativa que buscar desesperadamente un libro con estampitas de Modigliani, para saberse así pintor con parentela artística reconocible, ya que incluso en las artes es bueno conocer a tu padre y a tu madre. El Modigliani que habitaba en Brinkmann era, sin embargo, un hijo del rebuzno errado: el que emitía el crítico local del periódico localísimo. El caso es que aquella exposición en la Sociedad Económica de Amigos del País hizo de Enrique Brinkmann un pintor y grabador autodidacta -el Premio Nacional de Grabado le llegó en 1994- que tiene hoy colgados sus lienzos y sus aguafuertes en todos los museos del universo-mundo gracias a la emisión de un rebuzno y a la tenacidad de su destinatario por conocer los orígenes y las razones de semejante fragor de procedencia manifiestamente animal. “La virtud es conocimiento”, díjose un Enrique que ya se juntaba con poetas, pintores y otros agentes de bolsa -con algunos colegas de brocha fundó el Grupo Picasso, y llamaron a la puerta del maestro y fueron recibidos por don Pablo y todos juntos brindaron a la salud de un alcalde de Málaga que les hizo el encargo de “chachearse al viejo para que regale un par de cuadros al Ayuntamiento”-, y dicho y hecho: Brinkmann viaja por Europa, del 61 al 65, y vuelve en el 66 a Málaga por si otro rebuzno termina de despertarle su pasión socrática por conocer, y porque aquí hace sol y no es malo compartir tabaco y vinazo con los amigos de la infancia. A ellos les habló -ya casado y con chalé y con niño- de Francis Bacon, el pintor que trazaba aullidos con un vaso de güisqui en una mano y un pincel Dios sabe dónde; entre ellos impartió su doctrina hecha de monosílabos e insinuaciones, y para ellos pintó y grabó, en color y en blanco y negro, la descomposición del surrealismo, el mondongo de lo fantástico. Entre tanto, gracias a Enrique y al sol y a los chanquetes, por Málaga caían de cuando en cuando Santiago Amón, García Berrio, José Ángel Valente, Caballero Bonald, un señor de Albacete que resultó llamarse Martínez Sarrión. También para Málaga, y para el Senado Democrático de 1977, cayó un escaño en el que puso su culete inquieto un pintor, Enrique Brinkmann, que acaso dejó en la Constitución un punto tenebroso de Love Kraft, ese que tanto inspira a Xabier Arzalluz en sus reiterados concilios de verracos. Ahora, a los casi 61 años de su edad, Enrique enciende otro ducados, va al dentista, viene a comer los miércoles, sale en Internet, se marcha a Zurich, vuelve de Nueva York, tiene marchante suizo, casa grande en Churriana, no le llegan las cartas, y vuelve a exponer en Madrid un surtido de colores enrejados que seguro despiertan más rebuznos de esa crítica con boina, navaja para capar gorrinos y cachaza. Dios mediante, será en Rayuela el próximo 26 de este enero que ya termina. Enrique, que no te dejes la bufanda en Málaga. ¡Chiquillo, con lo que está cayendo! JUVENAL SOTO

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Luis Mugar o la levedad de un sueño

Luis Mugar, es un artista diferente, allí donde se queda la historia de los demás, empieza su fantasía   que desdicen lo dicho, dándose la licencia del simbolismo mas inquietante  y diríase que hasta Daliniano  con reminiscencia del Bosco  y entiéndase esto , no como un reflexión exacta , sino como un acontecer que no es real ni objetiva, porque la razón no está en encontrar las formas, sino en sugerirlas, para que bailen en el aire del espectador. Aquello que ahora es de azules marinos se nos disuelven en figuras de evasión, para columpiarse en un jardín de emociones o , donde el ojo fotografió el instante, hace que al segundo siguiente, adopte una nueva naturaleza de estímulo, para sugerirnos una placidez y concierto emocional , amplio por su plasticidad y  veladura  y plácido por  lo que dentro de un instante nos parece  una cosa  y al instante es otro cuadro  diferente .Las opacidades y trasparencias, acometen con la levedad de sus nacimientos, unas perpectivas nuevas y diferenciadas , donde lo construido no es relevante ante la sensación de lo atmosférico y la sugerencia de  lo sugerido, juega la mala pasada de que  se encuentre el espectador, ante un artista constantemente en evolución, sien el mismo ante la grandiosa cita de la danza de los sentidos. Luis Mugar expone desde el día 19 de Abril hasta el 23 de Mayo en la sala del Ayuntamiento de Vélez-Málaga.

EDITORIAL

En  dia 16  de Marzo del año 2007 se inauguró la estatua de Antonio Segovia Lobillo en la Plaza de San Roque; obra del artista Paco Martín Molina, que prestó su saber y dejó en esa querencia, el atisbo acertado de su buen oficio, porque el arte tiene también tiene mucho de oficio y constancia, ademas de ese otro momento justo y sublime de la inspiración. En una calle llamada de Santiago, hoy Lope Vega, en el número 22 , encima de una armeria vió la luz este hijo predilecto de Vélez. Corria el año 1922 un tres de Marzo, de frió viernes y rezos cuando desde el huerto de los santiaguistas, se elevaban los murmullos claustrales mezclados entre caricias de hierbabuena y romero. Allí desde la Plaza, recoleta y sosegada, mira hacia su casa en bronce paleta y libro, la figura romántica de este hombre bueno y estudioso, que defendió como nadie la tradición y la cultura de lo cercano y comarcal.

Hoy después del Homenaje que se le rindiera en el Centro de Estudios sobre el Exilio Español, donde se expusieron 127 obras, ha dormido el Legado a la espera de este resurgimiento providencial para mostrarnos que el tiempo también sabe su quehacer y dispone del calendario justo para los acontecimientos que se pretenden. Es lógico pensar que en todos los proyectos que se desean con justeza, existe un reloj para las impaciencias, pero es normal la premura cuando el corre a la par de nuestra vidas, haciendose largos los espacios que queremos con pasión hacia resultados… Pero a veces se llega a estas latitudes con el deber si no cumplido ,anhelante de búsquedas y reencuentros. Y es así como despues de este espacio de tiempo, los artistas (algunos ya no están) han apresurado también sus calendas hacia otras latitudes.
Esta idea ha resultado ser cierta y probada, en esta sociedad de descreencias donde se funde casi todo en el mañana o hasta luego, se ha visto una realidad de voluntades y gratitud sin igual, para conformar este Legado de magnitudes insospechadas.
A las 133 obras iniciales, se han unido 52 que esperan su turno de fotografía y clasificación en las actas que se relacionarán al Patronazgo del Ministerio de Cultura. Estas, serán expuestas proximamente en un acto previsto en los próximos meses. En el programa de actuaciones de la fundación figura en otras actividades, la creación de un certamen juvenil de artes plásticas y la puesta nuevamamente en marcha del Premio literario Antonio Segovia Lobillo que no se celebró sino una vez, quedando en el olvido.
La fundación creará un fondo documental con el pensamiento escrito de Antonio Segovia Lobillo, donde podran los estudiosos sumergirse en los datos de tanta historia malagueña de las artes, recopilada a lo largos de los años. Profesores de Méjico, Palma de Mallorca y Barcelona han solicitado acceso a estos fondos por escrito.
Se establecerá una biblioteca , para lo que se ha pedido de forma individual a los autores su incorparación al fondo de sus creaciones. Es tambien deseo del Patronato la creacion de un centro de rehabilitación y restauración de obras de arte, con la enseñanza de profesores y maestros en la disciplina a aplicar. Eventos de comunicación cultural, acercamientos entre centros culturales, visitas escolares a los fondos, y cuantas actividades sean necesarias para dar un paso adelante en la divulgación de las artes en todas sus manifestaciones. Amor y defensa del patrimonio para que se ennoblezcan las realidades mas inmediatas del artista del mañana. Para ello la Fundación recabará fondos de las Instituciones y particulares, mediantes aportaciones directas de las mismas y donaciones de todo tipo.
Todo ello en ese camino prometido a Antonio Segovia Lobillo, que donde esté, habrá formado equipo con sus amigos , que se fueron a repasar las lineas circunflejas del espacio, allí donde los colores se transfornan y atraviesan la piel, todo luz en la luz de las cosas.

Cabalgando por los montes, redondos de pechos atrevidos, ávidos al roce de la espuma, no muy lejos de la Torre, se adivinan los duendes de quienes viven en un plano distinto del tiempo, reptando entre callejas y nocturnidades, con poetas del espacio y artistas de las tejas atrapadas. Vélez entre los veleños, como siempre te quise ver y me enseñaron, con un ramillete de jazmines, cosidos sin abrir en un pañuelo, a la espera de la noche, reventando como vientres llenos de estrellas.
Vélez de mi Vélez, que te quiero, como me enseñaron mis padres, aquí te tengo.

Juan Antonio Segovia