EDITORIAL

En  dia 16  de Marzo del año 2007 se inauguró la estatua de Antonio Segovia Lobillo en la Plaza de San Roque; obra del artista Paco Martín Molina, que prestó su saber y dejó en esa querencia, el atisbo acertado de su buen oficio, porque el arte tiene también tiene mucho de oficio y constancia, ademas de ese otro momento justo y sublime de la inspiración. En una calle llamada de Santiago, hoy Lope Vega, en el número 22 , encima de una armeria vió la luz este hijo predilecto de Vélez. Corria el año 1922 un tres de Marzo, de frió viernes y rezos cuando desde el huerto de los santiaguistas, se elevaban los murmullos claustrales mezclados entre caricias de hierbabuena y romero. Allí desde la Plaza, recoleta y sosegada, mira hacia su casa en bronce paleta y libro, la figura romántica de este hombre bueno y estudioso, que defendió como nadie la tradición y la cultura de lo cercano y comarcal.

Hoy después del Homenaje que se le rindiera en el Centro de Estudios sobre el Exilio Español, donde se expusieron 127 obras, ha dormido el Legado a la espera de este resurgimiento providencial para mostrarnos que el tiempo también sabe su quehacer y dispone del calendario justo para los acontecimientos que se pretenden. Es lógico pensar que en todos los proyectos que se desean con justeza, existe un reloj para las impaciencias, pero es normal la premura cuando el corre a la par de nuestra vidas, haciendose largos los espacios que queremos con pasión hacia resultados… Pero a veces se llega a estas latitudes con el deber si no cumplido ,anhelante de búsquedas y reencuentros. Y es así como despues de este espacio de tiempo, los artistas (algunos ya no están) han apresurado también sus calendas hacia otras latitudes.
Esta idea ha resultado ser cierta y probada, en esta sociedad de descreencias donde se funde casi todo en el mañana o hasta luego, se ha visto una realidad de voluntades y gratitud sin igual, para conformar este Legado de magnitudes insospechadas.
A las 133 obras iniciales, se han unido 52 que esperan su turno de fotografía y clasificación en las actas que se relacionarán al Patronazgo del Ministerio de Cultura. Estas, serán expuestas proximamente en un acto previsto en los próximos meses. En el programa de actuaciones de la fundación figura en otras actividades, la creación de un certamen juvenil de artes plásticas y la puesta nuevamamente en marcha del Premio literario Antonio Segovia Lobillo que no se celebró sino una vez, quedando en el olvido.
La fundación creará un fondo documental con el pensamiento escrito de Antonio Segovia Lobillo, donde podran los estudiosos sumergirse en los datos de tanta historia malagueña de las artes, recopilada a lo largos de los años. Profesores de Méjico, Palma de Mallorca y Barcelona han solicitado acceso a estos fondos por escrito.
Se establecerá una biblioteca , para lo que se ha pedido de forma individual a los autores su incorparación al fondo de sus creaciones. Es tambien deseo del Patronato la creacion de un centro de rehabilitación y restauración de obras de arte, con la enseñanza de profesores y maestros en la disciplina a aplicar. Eventos de comunicación cultural, acercamientos entre centros culturales, visitas escolares a los fondos, y cuantas actividades sean necesarias para dar un paso adelante en la divulgación de las artes en todas sus manifestaciones. Amor y defensa del patrimonio para que se ennoblezcan las realidades mas inmediatas del artista del mañana. Para ello la Fundación recabará fondos de las Instituciones y particulares, mediantes aportaciones directas de las mismas y donaciones de todo tipo.
Todo ello en ese camino prometido a Antonio Segovia Lobillo, que donde esté, habrá formado equipo con sus amigos , que se fueron a repasar las lineas circunflejas del espacio, allí donde los colores se transfornan y atraviesan la piel, todo luz en la luz de las cosas.

Cabalgando por los montes, redondos de pechos atrevidos, ávidos al roce de la espuma, no muy lejos de la Torre, se adivinan los duendes de quienes viven en un plano distinto del tiempo, reptando entre callejas y nocturnidades, con poetas del espacio y artistas de las tejas atrapadas. Vélez entre los veleños, como siempre te quise ver y me enseñaron, con un ramillete de jazmines, cosidos sin abrir en un pañuelo, a la espera de la noche, reventando como vientres llenos de estrellas.
Vélez de mi Vélez, que te quiero, como me enseñaron mis padres, aquí te tengo.

Juan Antonio Segovia

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