Toma de posesión del Iltmo.Sr. D.Josè Infante Martos como Académico de la Real de San

José Infante
José Infante (Málaga, 21 de julio de 1946) Poeta, escritor y periodista español.
[editar]Trayectoria académica

Acaba de publicar en Ediciones Martínez Roca su última novela, La musa oculta de Goya. Una sonrisa que esconde una tragedia.
Estudió de Derecho, Filosofía y Letras y Ciencias de la Información en las Universidades de Granada y Madrid. Diplomado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Madrid. Obtuvo en 1969 la Diplomatura en Dirección de Escena con su espectáculo “El público. Investigaciones en las raíces españolas del surrealismo”, sobre textos propios y de “El público” de Federico García Lorca. En 1971 guionizó e interpretó el espectáculo teatral “Picasso-Málaga 91″ sobre la figura del genial pintor malagueño.
En 1971 obtuvo el Premio Adonais de Poesía y en 1972 el Premio “Málaga, Costa del Sol” de Periodismo. En 1980 le fue concedida la Beca Juan March a la Creación Literaria.
Desde 1972 reside en Madrid, donde ha colaborado en diversos medios de comunicación (Sábado Gráfico, Informaciones, Cine en 7 Días, Telesiete, Teleradio, Diario de Barcelona, El Mundo, ABC, En Cartel, Sanghay Expréss, Mensual, Gala, etc.). Colaboraciones suyas han aparecido igualmente en la mayoría de las revistas literarias actuales, desde Tediria o Signos, a Litoral o Barcarola y desde Atlántica o Turia a Laberinto de Zinc o Nadadora.
Desde mayo de 1974 a enero de 2007 ha trabajado en Televisión Española. Ha participado en numerosos espacios como redactor, guionista, ayudante de dirección y subdirector. (Telerevista, Los Escritores, Etcétera, Hora 15, Gaceta Cultural, Zarabanda, El Dominical Informativo, Muy personal, Documentos TV, Informe Semanal). Ha dirigido y realizado algunos programas especiales, entre otros; ” El regreso de don Geraldo ” (sobre el escritor e hispanista Gerald Brenan), ” Noventa años en busca de la diosa ” (sobre el poeta británico Robert Graves, en colaboración con la hija del escritor Lucía Graves), ” El camino de España ” (sobre el hispanismo), ” El sol de Flandes ” (sobre la presencia de la cultura española en Europa), la trilogía ” Don Juan de Borbón, una vida de renuncias “, “Entierro de rey” y “Epitafio para don Juan” (sobre la figura del Conde de Barcelona) y ” Juan Carlos I: crónica de 20 años ” (sobre los veinte años de la restauración de la monarquía). Después de 12 años como redactor-guionista en el programa ” Informe Semanal”, – donde también realizó numerosos programas especiales-, desde enero de 2002 a enero de 2007 trabajó en los Servicios Informativos del Fin de Semana.
Como poeta ha publicado, entre otros títulos: ” Uranio 2000.Poemas del Caos ” (Málaga, 1971), ” Elegía y No ” (Madrid, Col. Adonais, 1972), ” La nieve de su mano ” (Madrid, Col. Pentesilea, Ediciones Caballo Griego para la Poesía, 1978), ” El artificio de la eternidad ” (Málaga, Col. Puerta del Mar, 1984), ” El don de lo invisible ” (Ediciones Libertarias, Madrid, 1992) y ” Lo que queda del aire ” (Madrid, Col. Adonais, 1993). En 1990 apareció el volumen ” Poesía. 1969 -1989 ” (Col. Ciudad del Paraíso, Málaga), en el que se recoge su obra poética hasta ese momento, con un estudio preliminar del poeta y profesor de la Universidad de Málaga, Francisco Ruiz Noguera. Además de haber sido incluido en numerosas antologías poéticas, generacionales y temáticas, otras publicaciones antológicas de su obra son: “La poesía ígnea de José Infante” (Trayectoria de navegantes, Córdoba, 1990), de Luis Martínez de Merlo, y “Sin orden ni concierto” (Selección del autor, Colección Cuadernos de Sandua, Córdoba, 2006). En prosa ha sido incluido en los libros antológicos “Manifiesto Español”, de Antonio Beneyto (Barcelona, Ediciones Marte, 1973), “Narradores malagueños 1” (Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 1997) y “Tu piel en mi boca” (Egales Editorial, Barcelona-Madrid, 2004). Ha colaborado igualmente en diversos libros colectivos, entre ellos “Primera plana. La construcción de una cultura queer en España” (Edición de Juan A. Herrero Brasas, Egales Editorial, Madrid, 2007). Con el pintor Roberto González Fernández ha realizado diversos trabajos, en especial el libro “Víctimas del deseo”, con prólogo de Luis Martínez de Merlo (Editorial Debate, Madrid, 1991).
Ha sido traducido al francés (por Catherine Valen) , al inglés (por Mariano Zaro), al italiano (Emilio Coco) y una selección de su poesía apareció traducida al sueco por Lasse Söderberg, “Eviga ros, eviga intet”, (Colección Ellerströms, 1992).
Es autor igualmente de ” Poetas del 27. Antología “; ” Poesía espiritual española” (una antología de la poesía ascético mística española) y de los libros biográficos ” Bornoy: imágenes para un fin de siglo ” (sobre el pintor Pepe Bornoy, Málaga, 1993) y ” Antonio Gala: un hombre aparte ” (Espasa Calpe, 1994). Así mismo ha publicado en 1995 el dietario “Autobiografía del desconsuelo” (Huerga y Fierro, editores, Madrid, 1995).

Como editor publicó, junto al pintor y poeta malagueño Pepe Bornoy, la colección Cuadernos de Poesía “Jarazmín ” desde 1980 a 1984, en la que aparecieron entre otras, obras inéditas de Jorge Guillén, Claudio Rodríguez, María Victoria Atencia, Rafael Pérez Estrada, Pablo García Baena, Julio Aumente, Elena Martín Vivaldi, Antonio Gala, Luis Antonio de Villena, Rafael Ballesteros, Pureza Canelo, Manuel Alcántara, Ana Rosetti, etc.
En 1984 obtuvo también el Accésit del Premio Ciudad de Melilla de Poesía y en 1993 fue distinguido con el Laurel Poético Ibn Al Jati, que concede el Ayuntamiento de Almuñecar. En noviembre de 1997 el Premio ” Cáceres Patrimonio de la Humanidad” de Poesía galardonó su poemario” La arena rota”, que fue publicado en abril de 1998 en una doble edición, como volumen nº 7 de la colección de Poesía ” Ciudad de Cáceres ” (Cáceres, abril de 1998) y como tercer volumen da la colección “Algaida Poesía” (Sevilla, abril de 1998). En 2003 se publicó la tercera edición de este libro, corregido y ampliado “La arena rota y otros poemas” en la colección Devenir.
En 2002 publicó, junto a Leopoldo Alas, “¿Entiendes de cocina?.Lo que comen los gays”, en Ediciones Martínez Roca. En esta misma editorial publicó “Victoria Eugenia de Battenberg. Un amor traicionado”, que fue finalista en el mes de marzo de 2003 del Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, que Martínez Roca concede cada año en colaboración con la Caja Castilla-La Mancha, libro que alcanzó tres ediciones. Las mismas que “¿Reinará Felipe VI? La última oportunidad de los Borbones.”, también MR, la primera en diciembre de 2003.
En 2004 fue galardonado con el V Premio “Aljabibe” de poesía por “La casa vacía”, libro que fue distinguido igualmente en febrero de 2005 con el Premio Andalucía de la Crítica, de poesía. Ediciones Calima publicó en abril de 2005 la segunda parte de “Autobiografía del desconsuelo”, titulada “La nada, el mito, la palabra”. La colección malagueña Monosabio realizó en 2005 una nueva edición del libro “Elegía y No”, Premio Adonais de 1971. El mes de abril de 2005 fue elegido Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, y el 1 de diciembre del mismo año leyó su discurso de ingreso que versó sobre “De Altolaguirre a Jarazmin. Una historia de amor”. El mes de octubre también de 2005 obtuvo el XVI Premio Nacional de Poesía José Hierro, que concede la Universidad Popular José Hierro y el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes por el libro “Días sin música”, aparecido en diciembre en las publicaciones de dicha Universidad Popular. Y en junio de 2006 fue distinguido como “Escritor malagueño del año”.

Discurso de toma de posesión
DE ALTOLAGUIRRE A JARAZMÍN, UNA HISTORIA DE AMOR José Infante Martos
Excmo. Sr. Presidente, Ilmos., Sras., y Sres., Académicos, autoridades, familiares y amigos:
SI alzo la mirada y miro hacia el público, en estos momen- tos tan emocionantes para mí,en el que recibo el honor de ingresar en esta Ilustre Institución como Académico Correspondiente, lo primero que echo en falta es la presencia de muchos queridos familiares y amigos que se han ido y no pueden ser hoy testigos de este acto.A ellos y en especial a mis padres van dirigidas mis primeras palabras de agradecimi-ento por cuanto de ellos recibí y de lo que de ellos aprendí. Mi primer recuerdo para ellos y para otros tantos amigos que nos abandonaron demasiado pronto.Tengo que recordar fatalmente en este caso a un amigo muy especial Juan Ramón de Miguel, que cuidaba de mi estilo, cuando este se descuidaba y que se ha ido en plena juventud, como siempre ocurre con los amados de los dioses.
No puedo dejar de mencionar el apoyo que siempre he recibido de muchas otras perso- nas (amigos y familiares) que hoy lo renuevan con su presencia en este acto, algunos venidos desde lejos. Gracias a todos, porque sin su aliento no habría llegado hasta aquí.Y cómo no gracias a los IlustresAcadémicos que apoyaron mi candidatura,la Ilma.Sra.Dña.MaríaVictoria Atencia, el Ilmo Sr. D. Suso de Marcos y mi entrañable amigo Pepe Bornoy, el Ilmo Sr. D. José Manuel Cuenca Mendoza, el auténtico artífice de todo esto.A cada uno de los Ilustres Académicos por sus votos y a todos los que me han seguido a lo largo de los años de mi carrera literaria.Todos ellos han sido el eficaz acicate para no abandonar nunca lo que es la ingrata tarea de intentar traducir con palabras lo que es invisible con los ojos de la razón, ese no sé que queda balbuciendo que dijo San Juan da la Cruz, y que ha sido siempre mi aspiración a la hora de asumir mi destino de escritor.
Permitidme que antes de seguir haga una mención muy especial para nuestro Presidente, el admirado poeta y amigo Alfonso Canales. En los últimos años ha recibido merecidísimos homenajes y reconocimientos en los que no se me ha dado la oportunidad de participar. Quiero aprovechar esta ocasión para hacerlo. No sólo con el agradecimiento por apoyar mi nombramiento como Académico Correspondiente, sino por el continuo magisterio que su obra y su persona han sido a lo largo de estos años para mí y para tantos otros poetas y escritores. Por su independencia, por su dedicación sin desmayo a la poesía, por los muchos consejos que de él recibí cuando apenas comenzaba a escribir, su ejemplo ha sido siempre un camino a seguir y un espejo en el que mirarse.

Gracias, querido Alfonso.Y gracias, querido Pepe Bornoy, por tu amistad de tantos años, por tantas aventuras que hemos vivido los dos y por esta casi póstuma oportunidad de estar juntos, aunque de distinta manera, en la última época de nuestras vidas, en esta Ilustre Insti-tución ¿quién nos lo iba a decir en 1970 cuando fieles a nuestra juventud éramos rebeldes e iconoclastas y creíamos que la Academia era sólo una reunión de carcamales? Espero que no nos hayamos convertido nosotros mismos en carcamales, sino que esta Academia ha dejado entrar desde hace ya mucho tiempo aire fresco y renovador para ejercer su primer objetivo el de velar y cuidar de la cultura y de las artes de nuestra querida ciudad.
He aludido a mi destino de escritor porque es el motivo por el que se me recibe en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo.Y es verdad que la poesía y la literatura han sido la última razón de mi vida,aunque haya tenido que dedicarme al periodismo,que no deja de ser tan sólo un oficio,en otra época digno y ahora,infortunadamente,cada día más desprestigiado y desvirtuada su existencia, la de ser un controlador del poder y un elemento de difusión de las ideas y de la cultura,ahora convertido en una generalizada basura que lejos de contribuir a la convivencia y a la defensa de la libertad y de la verdad,es un poderosa arma de destrucción masiva en manos de las fuerzas del mal. De todos los males y sus espurios intereses.
No siempre ha sido tan pesimista mi opinión sobre el oficio del que he vivido desde hace más de treinta y cinco años y al que acudí, creyendo ingenuamente que era un modo cercano, próximo y de alguna manera real de vivir de la literatura. Pronto supe que me había equivocado. Pero ya era demasiado tarde para rectificar. De cualquier modo he procurado ejercer esa profesión sin alejarme de lo que yo creo son sus auténticos orígenes y sus nobles principios.
La poesía, en cambio, a pesar que tiene sus propias reglas y a veces te condena a largos periodos de sequedad y silencio, ha sido mi principal preocupación y el destino al que no he querido nunca defraudar. No sé si lo he conseguido. Espero al menos que esa entrega y esa dedicación hayan producido algún poema., que haya servido no sólo para mi salvación, sino que también haya ayudado a salvarse a algún que otro lector.
Estoy de acuerdo con nuestro admirado Presidente, cuando al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Málaga, dijo en su discurso que la poesía “es un fármaco que no debiera despacharse sin receta”. Porque aunque es verdad que cuando logras apresar algún verso con vocación perdurable, te reconforta, te obliga en cambio a vivir en continuo y desasosegante estado de vigilia, lo que aporta un sufrimiento añadido al del ser humano, perdido hoy en un mundo en el que apenas podemos entrever su sentido y su necesidad. En esa tensión he vivido desde que di mi fiat a lo que se me puso delante como mi único y fatal destino. La poesía es verdad que no se hace tan sólo con el corazón, sino más con la inteligencia, pero también es cierto que no solamente puede hacerse con la inteligencia y sus herramientas; la poesía tampoco puede existir sin el corazón.Y no hay nada que desgaste más el corazón que el sentir esa responsabilidad sin haberla buscado y a la que difícilmente puedes esquivar.
Pasaré ya sin más preámbulos al tema central de esta breve intervención con la que la Academia de San Telmo me abre las puertas para que sea su Correspondiente en Madrid. No ha sido casual que eligiera el tema que he elegido: Manuel Altolaguirre, por un lado, mi ad- mirado poeta malagueño de la generación del 27 (y no de los menores como durante mucho tiempo se le ha considerado) del que celebramos este año el centenario de su nacimiento, su gran pasión, la imprenta, las bellas ediciones poéticas con las que deslumbró durante toda su vida.Y en tercer lugar cómo esa pasión del poeta Altolaguirre ha sido transmitida de gene- ración en generación a los poetas malagueños. Hoy es una tradición que continúa y a la que
siempre se van incorporando nuevos poetas, con nuevos estilos, pero con el mismo amor que Manolo Altolaguirre y Emilio Prados imprimieron a sus libros en la mítica imprenta Sur, luego llamada Dardo y hoy infortunadamente desaparecida. Ahora creo que esa hermosa y prolífica tradición se ha convertido con el tiempo en una verdadera historia de amor. De esa historia de amor es de la que quiero hablar hoy aquí, la de los poetas malagueños y la de una determinada manera de hacer de la propia impresión poesía tipográfica.
Así se llamó precisamente uno de los libros más hermosos que esa tradición ha apor- tado a la historia de la imprenta en Málaga y en España. Me refiero a uno de los Cuadernos de María Cristina, colección mítica realizada por Ángel Caffarena y Rafael León. Un singular Homenaje a Góngora, con una antología de la poesía cordobesa pre gongonrina, con traduc- ciones y versiones realizadas por los más destacados poetas malagueños de entonces.Y un alarde tipográfico de Bernabé Fernández-Canivell,que hizo del Cuaderno una verdadera obra de arte. Ese fue el único libro que firmó don Bernabé, figura clave en esta particular historia de amor malagueña a la poesía y a la imprenta.
Pero no adelantemos acontecimientos. Esto ocurría en 1960, cuando ya hacía más de veinte años que Altolaguirre y Prados habían abandonado Málaga, una guerra terrible había abierto una herida entre los españoles dividiéndolos en vencedores y vencidos, entre los que estaban los dos poetas impresores malagueños que habían tenido que salir camino del éxodo y el llanto.Aquel año el propio autor de Las islas invitadas había muerto hacia unos meses en una carretera burgalesa cuando se dirigía a Málaga desde su exilio mejicano, tras pasar por el Festival de Cine de San Sebastián donde había presentado su película El Cantar de los Cantares. En sus últimos años la pasión impresora de Altolaguirre se había trasladado al cine y había cambiado las cajas de letras por las cámaras y el celuloide y las máquinas impresoras por la sala de montaje. El resultado había sido el mismo: poesía en imagen.
Volvamos hacia atrás. Estamos en Málaga en los años veinte. Dos jóvenes de la burguesía malagueña sienten las mismas inquietudes artísticas, la misma pasión lírica, idéntico desasosiego espiritual. Se encuentran, se hacen amigos, se leen sus poemas. Ninguno de los dos son buenos estudiantes. Manuel ya ha probado sus dotes impresoras con una revista que ha hecho con otro amigo, José María Souviron, Ambos. De esta primera aventura impresora de Atolaguirre sólo se publicaron dos números.
Pero en 1924 Altolaguire y Prados se embarcan en una empresa común. El padre de Emilio le ha regalado a su hijo una imprenta. La llaman Imprenta Sur. En ella, en su primitivo domicilio de la calle San Lorenzo, comienza esta historia de amor, que aún no se ha acabado. Pero antes voy a decirles algo sobre mi interés por la poesía de Altolaguirre, que era uno de esos poetas que venían en letra pequeña en los libros de texto de mi generación, y a los que nunca llegábamos.Aunque hubiésemos llegado, tampoco habríamos tenido una información exacta de sus vidas y de sus obras. La represión de la dictadura llegaba hasta esos extremos, sobre todo a estos extremos de manipular la más reciente historia de nuestro país, en todos los ámbitos, la historia, la cultura, la evolución de la sociedad…
Fue en 1970 cuando inesperadamente llegó a mis manos uno de los libros de Altolaguirre, Poemas en América, era el núm. 7 de la colección El Arroyo de los Ángeles, a la que luego me referiré. Es una de las hermosas colecciones que se han hecho en nuestra ciudad en la tradición impresora y yo me atrevería a decir amorosa,de Prados yAltolaguirre.En aquel libro descubrí a un poeta lírico comparable a los más grandes de nuestra lengua, a Garilaso de la Vega,a Fray Luis de León,a SanJuan delaCruz…Cuando terminé sulectura,era el mes de agosto, escribí un artículo en el diario Sur reivindicando la memoria y la obra de unos de los más altos poetas malagueños.“¿Cuándo Manuel Altolaguirre?” se llamó aquel ingenuo trabajo deslumbrado por la luminosidad de la obra del autor. Sabía que no era el primero en hacerlo, ya lo había hecho y de una manera rotunda el gran Luis Cernuda en uno de sus singulares estudios críticos.El 12 de diciembre de 1971 me encontré en las manos con un tesoro precioso: las Obras Completas de Manuel Altolaguirre, editadas poco después de su muerte en Méjico, al cuidado de su amigo Luis Cernuda. Era el increíble regalo con que Bernabé Fernández- Canivell me obsequiaba por el Premio Adonais (que me había sido otorgado hacía tan sólo cuatro días), en una cena entre amigos en el Refectorium.
Pude así, con la lectura de toda la obra de Altolaguirre, convertirme en un convencido defensor de su poesía y de su labor editora e impresora. Poco después el destino quiso que entrara en contacto, recién llegado a Madrid, con una sobrina del poeta, la doctora Margarita (Maya) Smerdou Altolaguirre, que aunque ahora algunos lo hayan olvidado o lo quieran olvidar era entonces y fue durante muchos años, la única persona que hizo el esfuerzo de dar a conocer la obra de su tío a las nuevas generaciones. No sólo estudió su obra y la editó en libros de difusión masiva, sino que con el tiempo sería la heredera más legítima de su labor editorial e impresora. Para ella, desde aquí mi más cariñoso recuerdo y mi agradecimiento por haber sido mi editora y haberme permitido ayudarla en la medida de mis posibilidades en la difusión y conocimiento para las nuevas generaciones de la poesía de Altolaguirre.

Cuando aparecieron los primeros poemas de Altolaguirre dicen que Pedro Salinas exclamó “!Es Rimbaud, es Rimbaud!”. No, no era Rimbaud aunque haya semejanzas entre su obra y la del poeta francés. La poesía de Altolaguirre se destaca de la de sus compañeros de promoción, en que en una generación de estrellas, supo conservar su personalidad, es decir su lirismo puro, su autenticidad, su espontaneidad, por la musicalidad y frescura de su verso, “manipulador honrado de la emoción de fondo”, le llamó Juan Ramón Jiménez, en alusión a la espontánea comunicabilidad que brota de su poesía, que es una larga soleá desaforada, una soleá que clama a las alturas y que ha hecho que se hable de vertiente subjetiva del sentimiento y de la teoría de la inteligencia amorosa”. Perdonen la larga autocita, pero creo que expresa definitivamente mi opinión sobre la obra de Altolaguirre,que tiene,es verdad,algo de Rimbaud en su angélica inocencia, pero también algo de chaplinesca, en su irónica amargura. Y sobre todo mucho duende como ya afirmó Federico García Lorca.
En cuanto a mi admiración e interés por la obra impresora que Prados y Altolaguirre dejaron como un preciado patrimonio a nuestra ciudad de Málaga, tampoco es nueva, sino muy antigua. Se remonta a aquellos primeros setenta en que tantas cosas descubrí que desconocía de nuestra historia, de nuestra literatura y de nuestra ciudad. De esta admiración ya dejé testimonio en la serie de seis artículos que publiqué en el diario Sol de España, desde el 7 de enero al 28 de marzo de 1972, con el título de “Málaga editora. Siglo XX”.
El tiempo de que dispongo no me permite más que esbozar esta deslumbrante historia. Creo que hasta los años setenta hay unos cuantos nombres imprescindibles en la continuidad de esta tradición, son José Antonio Muñoz Rojas,Alfonso Canales, el grupo Caracola, en especial María Victoria Atencia, Rafael León,Vicente Núñez…Y desde luego José Luis Estrada, que hizo posible la supervivencia de Caracola durante años muy difíciles. Esto en cuanto a los poetas. Pero en cuanto a la labor de maestros impresores hay tres figuras imprescindibles: Bernabé Fernández-Canivell, Rafael León y Ángel Caffarena, ayudados cómo no por aquellos auténticos artesanos de Dardo que habían sido testigos directos de del entusiasmo de los fundadores, los Andrade, el maestro Gutiérrez… Si a Ángel Caffarena hay que reconocerle y agradecerle la continuidad durante años de sus Publicaciones de El Gudalhorce, con sus múltiples colecciones poéticas y libros de toda índole, en un esfuerzo de generosidad difícil de encontrar, a Bernabé Fernández-Canivell y a Rafael León hay que reconocerles el magisterio indeleble que han dejado en esta tradición malagueña y en la historia de amor de poetas y el gusto por las bellas ediciones, en las que texto y envoltorio se complementan de una manera admirable y casi misteriosa.
Es verdad que Altolaguirre y Prados tuvieron en cuenta a la hora de comenzar a editar y cuidar libros, la estética que ya había impuesto Juan Ramón Jiménez, pero la impronta que ellos dejaron en sus trabajos editoriales y dejaron para la posteridad ha hecho que durante décadas en todos los lugares de España,las ediciones malagueñas de poesía,se han distinguido siempre por su belleza, por su originalidad y por un sello inconfundible, que no equivocaba nunca su procedencia. Desde la imprenta Sur Altolaguirre y Prados no sólo fundaron la mítica revista Litoral en 1926, auténtica referencia generacional para el 27, sino que publicaron algunos de los primeros libros de aquel grupo deslumbrante de poetas, como Perfil del aire de Luis Cernuda. Ámbito de Vicente Aleixandre, La amante de Rafael Alberti, algunos de sus propios primeros libros, como Ejemplo de Altolaguirre y Las canciones del farero de Prados, aparte de La rosa de los vientos, de José María Hinojosa, otro malagueño seducido por la belleza tipográfica y que se unió a los editores de Sur, en su última época, cuando ya habían dejado para la historia la deslumbradora belleza del número especial dedicado a Góngora y que es una de las señas de identidad del grupo.
Cuando la aventura de Litoral se acaba en 1929,Altolaguirre con su pequeña máquina portátil de imprimir seguiría haciendo hermosas ediciones en Madrid, Caballo verde para la poesía, Héroe, en París, o en Londres donde concebiría aquella hermosa revista hispano inglesa 1616… Incluso en el frente Altolaguirre no cesó en su labor impresora.Tras el exilio, Cuba y Ciudad de Méjico –donde encontró a su entrañable Emilio Prados y ambos hicieron la segunda época de Litoral– Altolaguirre no dejó nunca de editar y editar, siempre de una manera hermosa, a los poetas españoles, los clásicos y los que habían hecho posible el segundo Siglo de Oro de nuestra poesía.
Pero volvamos a Málaga, donde esa llama de amor viva del amor a la tipografía poética había quedado encendida. En la inmediata postguerra las máquinas de Sur, que ha pasado a llamarse Dardo al ser requisada por los vencedores,se ponen nuevamente a trabajar.Ediciones Meridiano, Gibralfaro, Papel azul, son algunas de las iniciativas que se ponen en marcha. Pero hay dos colecciones A quien conmigo va y El arroyo de los ángeles (ambas bautizadas por Alfonso Canales) que marcarían estos años por la belleza y la nómina de autores que presenta desde el malagueño del siglo XVII Ovando y Santaren a Dámaso Alonso y desde Alfonso Canales a Luis Cernuda,que dio a conocer su estremecedor Poemas para un cuerpo.Y desde 1951 la mano mágica de Bernabé Fernández- Canivell que recogió el testigo de aquellas dos colecciones, al mismo tiempo que ponía en la historia una revista que fue el primer puente entre los españoles del destierro y su patria. Me estoy refiriendo a Caracola y sus primeros cien gloriosos números.A sus magníficos números extraordinarios extra ordinarios y monográficos, a sus ediciones Caracola…
La aparición de Ángel Caffarena en el mundo editorial malagueño marca un antes y un después. Caffarena es la abundancia, la generosidad, pero también la improvisación, el nerviosismo. Pero allí están para atemperarle Rafael León y D. Bernabé.Y así van naciendo los Cuadernos de María Cristina, auténtica joya literaria que publica entre otras maravillas Trozo de piel de Pablo Picasso, o la ya mencionada Poesía tipográfica de Fernández-Canivell. Luego serían los Cuadernos de María José y los de María Isabel y un extraordinario etcétera. (Antes de seguir hay que mencionar un libro mítico que Rafael León crea con sus manos sapientísimas de maestro impresor. Me refiero a los Veinte poemas de Constantino Cavafis, que dio a conocer a los lectores españoles la obra insustituible de aquel poeta alejandrino de principios del siglo XX. Sólo por este libro Rafael León habría pasado a la historia de la imprenta y de la poesía tipográfica.) El caso de Rafael León es tal vez el más destacado –siempre con la complicidad de su mujer María Victoria Atencia– ya que no se ha limitado a crear magníficas ediciones, sino que se ha convertido en un erudito en todo lo que concierne a la impresión,fabricando sus propios papeles para unos cuadernos inigualables y que desde luego marcan un cenit de la impresión poética malagueña del último tercio del siglo XX. Saber que ha recogido en su libro Papeles sobre el papel, que editó la Universidad malagueña.
Estamos ya en los años setenta y hay que añadir,ya precipitadamente porque mi tiempo se acaba,a los poetas que van recogiendo el testigo,Juvenal Soto,Rafael Pérez Estrada,Salvador López Becerra…Algunos,como Pepe Bornoy,desde las propias ediciones de Caffarena,donde crea el nuevo y atrevido formato de los Cuadernos del Sur. Este sería uno de los primeros trabajos que marcarían la faceta impresora del pintor y poeta Pepe Bornoy,que luego ha sido por lo menos tan rica y tan deslumbrante como la pictórica. No me puedo detener en ella, pero sí me detendré en una colección que hicimos juntos y que fue creo, sin falsas modestias, una aportación definitiva en esta historia de amor que comenzaron Prados y Altolaguirre y que hemos continuado tantos y tantos. Me refiero, como ustedes habrán imaginado a Jarazmín. En diciembre de 1980 –hace ahora 25 años– yo había escrito un poema sobre mi familia lo suficientemente extenso como para formar él solo un cuaderno. El largo poema se llamaba Retrato de familia (y un negativo) y fue escrito, la primera parte en 1976 poco después de la muerte de mi padre y la segunda parte unos años más tarde. El 23 diciembre de 1980 mi madre cumplía 65 años y pensé que sería un buen regalo la publicación de aquel poema, que a ella y a la memoria de mi padre estaba dedicado. Como conocía la afición a la imprenta de Pepe Bornoy, en la que había hecho numerosos trabajos, demostrando su buen gusto y sus ideas innovadoras, le pedí que se encargara de diseñar y cuidar Retrato de familia. Enseguida hizo un estupendo diseño –que incorporaba la fotografía (y su negativo) que inspiraba el poema– y con enorme generosidad lo cuidó y lo editó.
Como no queríamos que apareciera como una publicación aislada pensamos en darle el número 0 de una futura colección a la que ya bautizamos como Jarazmín. El nombre lo eligió Pepe.Y cuando tuvimos el hermoso Cuaderno en nuestras manos pensamos que había llegado el momento de hacer nuestra personal aportación a la tradición impresora de poesía malagueña, de tan brillante historia en el último siglo.Así fue como nació Jarazmín, con la que he querido acotar en esta ocasión la historia de amor de los poetas malagueños con la imprenta.

Una vez decididos a comenzar la colección y a la hora de hacer presupuestos el diseño debió ser modificado, para poder ofrecer una suscripción que pudiera ser asumida por nuestros futuros mecenas.Así nació el formato tan original y novedoso que tuvo la colección en sus 16 números, sin contar el número 0, y en sus cuatro años de vida. En la primavera de 1981 aparecieron los dos primeros Cuadernos.Para la ocasión recurrimos a un maestro del 27, Jorge Guillén –con el que yo mantenía una buena amistad desde finales de los años sesenta (él presentó generosamente mi primera publicación en agosto de 1969,Imágenes sucesivas)– y a un poeta que hacía muchos años que no publicaba versos, ya que estaba dedicado y con gran brillantez y éxito a otros géneros,Antonio Gala.Así pues Galería, unos poemas inéditos (pues así debían ser todos los que publicáramos) de D. Jorge Guillén y 11 Sonetos de Antonio Gala, pertenecientes a un libro entonces también inédito 11 Sonetos de La Zubia fueron las dos primeras entregas de Jarazmín, edición que Pepe Bornoy enriqueció con algunas novedades respecto al número 0. Cada Cuaderno llevaría una ilustración en portada, realizada por algún conocido pintor o dibujante (en algún caso fue el propio poeta el que se ilustró su Cuaderno, como José María Prieto o Rafael Pérez Estrada),una viñeta interior,también de algún reconocido artista y una foto del autor.También se incorporaría la novedad de que cada número llevara un color distinto.Y así fue, desde el gris de Jorge Guillén al rojo Dámaso, al sepia, el azul índigo, el verde o el revolucionario naranja con que aparecieron los poemas de Ana Rossetti.
La mayor parte del trabajo corría a cargo de Pepe Bornoy, que es el que de verdad sabía y sabe de los secretos de la impresión. Minuciosamente componía cada poema a mano con la ayuda de los impresores de Sur (luego Dardo) y con la eficaz colaboración de Floreal Roa, que cosía con paciencia franciscana los cordones de cada Cuaderno.Yo ayudaba cuando me cogía por Málaga y desde Madrid era quien se ocupaba de buscar los poemas, llamando y convenciendo para que nos dieran sus versos inéditos, a los amigos, que también eran algunos de los mejores poetas españoles contemporáneos. Como prueba de ello sólo hay que repasar el índice de la colección.Tras Jorge Guillén y Antonio Gala aparecieron (siempre puntualmente,bueno es Pepe para esas cosas) desde José María Prieto a Elena Martín Vivaldi y desde Ana Rossetti o Pablo García Baena hasta Alfonso Canales. Claudio Rodríguez, Manuel Alcántara, Rafael Pérez Estrada, Julio Aumente, María Victoria Atencia, Pureza Canelo, Rafael Ballesteros o el propio Bornoy que firmaría el hasta ahora último título de la colección.A partir del número 9 comenzamos a publicar un Suplemento, al que llamamos Perfil, bellamente diseñado también por Pepe Bornoy. Cierto cansancio y la dificultad de mantener el número suficiente de suscriptores fueron minando el entusiasmo inicial y en 1984 decidimos acabar con aquella aventura editorial.
Pero la historia de amor no se había acabado. En los ochenta y en los noventa ha continuado esta tradición de poesía tipográfica,recordemos a Salvador López Becerra,Juvenal Soto, Rafael Pérez Estrada, Rafael Ballesteros, Paco Ruiz Noguera y un numeroso etcétera, en el que ya sólo la mención de la ingente labor del poeta Rafael Inglada con sus numerosas colecciones que algunas permanecen vivas, justificaría para afirmar que esa pasión que prendieron los poetas malagueños Prados y Altolaguirre sigue tan viva y ardiente como en los años veinte.
Es verdad que la pasión es fugaz. Se apaga con la misma violencia que se enciende, no en vano es el deseo irreprimible de poseer al otro ser y consumirse los dos en un fuego incandescente.Por eso es tan fugaz.No todas las pasiones llegar a convertirse en una historia de amor, porque la pasión se apaga y el amor puede no extinguirse nunca. Eso es lo que ha ocurrido con la pasión que encendió el deseo de belleza de Altolaguirre y Prados y que los poetas que hemos seguido hemos convertido en un amor eterno.

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