José Aguilera Hinojo ” En la esquina de los encuentros”

 

PEPE AGUILERA RENUNCIA Y SE DIBUJA

 

Acabar el día. Regresar hasta el lecho. Mirar ensimismado hasta el lecho en penumbra. Y sentir miedo. Intentar dormir. cabecear, doblarse sobre el lado izquierdo. como quien busca un cuerpo. Dormir al fin cansado. Soñar, vacío.

 

Y sentir miedo. Abrir los ojos. luego. Sorprenderse, intentar mira¡ en colores distintos. Abrir una mirada nueva. Y seguir. Levantarse. Salir de la habitación. Empezar la jornada (otra). Conocer otro día igual. Acercarse al dentrífico. Mirarse al espejo. No encontrarse. Y sentir miedo. Encontrarse. Y sentir miedo.

 

Acercarse al periódico. Sentir la sangre que salpica. Y sentir miedo. Acercar la taza de café. Llenarse de calor extraño. Conectar el tocadiscos, incansable carmina burana, pink floyd, acaso ravi shankar, the beatles. mahler tal vez:

 

el gaudeamus de elevar la mirada. Introducir el ojo por entre el ólec, las líneas_ los colores… Y sentir miedo.

 

Quemar el cigarrillo (el primero). Vigilar el humo. Notar la ausencia de los ángeles que huyeron hacia esferas más firmes. Oler la soledad porque también huyó San Sebastián en noche oscura. Intentar introducir la luz a través de los párpados. Acechar a las nubes. Ver que por ellas se acerca Leda, tal vez la virgen de Arequipa, el monje de azulada tristeza. algún adolescente que de fresas ofrece su boca como fauno. Gustar el vacío de los besos. Y sentir miedo.

 

Escuchar el viento. Intentar acallarlo con la música. que sigue arañando los muros a 33 revoluciones, Sentir que la pequeña serenata vuelve endulzando los músculos. Recorrer el testero. Pararse ante los libros. cono una tentación la cultura que ofrece, placer de sutil masoquismo. Escuchar como siguen su marcha, quedas, las manecillas del reloj; tal vez en ángelus que choca contra barrotes de cárcel o futuro sin ventanas. Y sentir miedo.

 

Llenar el primer vaso de ginebra. A su fondo. un animal difuso nos vigila. Volver al gaudeamus fugaz de las palabras: Omar Khevvan “un amor en elcampo _v una copa de Vino / es lo único que pido. Cobrar quiero al contado / los placeres”. Sentir ahogarse el cuello. Gustar el lento amargo sabor c¡ue te interviene. Las puertas que se abrirán en cl momento más inesperado. Puede entrar un rostro que las 1`grimas cubrirán, Santa Librada. Merlin. Salomé o alguna domadora de insectos solitarios. Y sentir miedo.

 

AL fin el día te vence. Más tú te rebelas. Tienes miedo, terminas por confesar. Aca—o es una fuerza superior al impulso que te mueve. Pero sales. Vas a vencer. Porque también se vence en la renuncia. Te sientes vacío, no mañana,

 

no cierto. No realizado, no hombre, impotente. Sabes que no es tuy,n el miedo que te lleva. \i la impotencia es tuya. Y pides que te crean. Lo pides por boca de estas líneas (dibujos le han llamado) que empiezas a trazar; Si1n Sebastián otra vez. en el retablo con ángeles ambiguos, donde el sexo se mezcla_ se sublima a una mística que no es éxtaais, ni ácido, viaje o borrachera. Es como estarse eternamente quieto. Y sentir miedo.

 

Vuelve Santa Teresa. la mujer que de la paloma hace su símbolo v su vida. vuelve el Oriente lejano. aproximándose como una tentación, comWicín a la tierra, al ser que es, por encima de la carne o el miedo; vuelve San Sebastián

 

(siempre San Sebastián) como vuelve siempre la rosa, amarilla de tiempo. Y no termina. Te pones casi triste porque sabes que habrás de renunciar (también a él que siempre fue tuyo), cuando la tarde avance y el miedo (qué es el miedo) te atenaza los párpados. Y no sabes por dónde debes comenzar. Y la tarde se explaya v acuden las tinieblas de cerrada negrura.

 

Sacas. vuelves a sacar los pinceles, colores que habrás de convertir en nube. jazmín ahito de tristeza o sexuado movimiento sin frontera. Sientes que el miedo te ha atrapado. Y piensas en la misma solución qne sabes, hace tiempo, acabará imponiéndwe fatal al desenlace. ?,No es el miedo quien te conduce la mano, los colores, el pincel deslizándose por entre óleos. cartulinas. maderas..?

 

Sabes que dejarás la piel, porque es la soledad dura enemilga en el crepúsculo. Sabes que ella te acompañará cuando salgas del silencio y las voces amigas estén cerca: el velador de algún café nocturno. la estrecha mesa donde se abigarran los vasos, siempre el tino, lleno de una ciudad (Málaga) que ni siquiera existe, que sabes te sacará las raíces afuera r el vómito v el largo. interminable regreso (llamado arte) que es la vida. Y sientes miedo. Te miras conducir tu cuerpo por la calle. Para nada sirve recordar las palabras escritas: “Sólo me queda el goce de estar triste”. Porque no ignoras cine también puede ser mentira. Como es mentira todo. Y adivinas el miedo. No el tuvo, acorralado. El miedo de los otros. que intentan ocultar tras ojos que no ~aben, se sorprenden al contemplar tu miedo en esos colores. dibujos que hoy, has colgado de una pared que ni siquiera te es hospitalaria. Sabes_ en la alta rnadrugada. que habrás de renunciar.

 

Pepe Aguilera, recuerda que ni los gatos han servido. ni la libertad o el orden o la esperanza. Que otros paisajes te han hecho confirmar que el corazón ro puede repetirse. Sólo la serenidad. la quietud e la armonía te ~erán dadas.

 

Por eso la renuncia te obliga. Y has hecho renunciar también a ellos: San Sebastian, Leda (que hasta cambió su sexo de paloma), la santa de Arequipa, el caballero verde (de verde capa v mano), el monje. las aristadas flcnes… Sabes que ni siquiera ellos serán ellos. Que les has dejado quietos en la representación. Les obligas a renunciar, como tú has renunciado. Como es símbolo el miedo de estar vivo. Y sumiso te entregas. Los dejas para siempre condenados a la cultura. cuando otro día se acaba v regresas al lecho (condenado también tú) v lleno de miedo sientes la misma ~ sensación al buscar otro cuerpo. de que el círculo acaba de cerrarse. Sabes que has empezado el único auténtico sueño: tu renuncia. Por cm va pueden acudir los demás y ahogarse el miedo en una copa.

 

JOSE INFANTE

 

 

 

 

MARTIRIO (Sobre un cuadro de Pepe Aguilera)

Las grandes losas da la vía Apia crujen bajo el peso de la cuádriga: repercutiendo obsesivamente en mi cabeza. El equilibrio de escudos y grebas del círculo que forman los soldados al fondo de la calzada, sólo aparece roto por la mancha púrpura que riega las caderas del joven oficial Sebastián y deja al descubierto su recia espalda, ávida de comprensión o látigo. Huellas de labios sobre el mercurio de las armaduras disipan el olor de las axilas.

Aún no habían descorrido el gran velo rojo del cubículo imperial y ya llegaban d2 la calle los primeros murmullos vespertinos del Foro, reproduciendo en la intimidad del salón el agradable efecto de las adormideras ingeridas unas horas antes para provocar el sueño. El acento extranjero da Decio, último esclavo adquirido para el servicio real y el relevo de la guardia tracia en las mura;las, acabaron por despertar al emperador, cuyas pupilas aparecían extenuadas y azules entre las rolas manchas de la cara. Los barcos proseguían incansables amontonando trigo en las orillas del Tíber y no era de temer ninguna sublevación popular en los barrios extremos de la ciudad.

La blancura del torso que se ajusta leve sobre las ramas bajas del arbusto es apenas interrumpida por el rastro ocre de las cuerdas que sujetan brazos y cuello. Sangra deseos mi garganta y el surco cruza asesino la incipienfe tensión de la barbilla para confirmar el esfuerzo suscitado a la belleza.

Estas noticias tranquilizantes no podían diluir la inquietud que aquejaba al César, manifiesta en sus gestos lánguidos y enfermizos y en el ligero sudor que ceñía el oro d2 su corona aquella tarde. El centurión Xantho, antiguo esclavo etíope manumitido por su brillante carrera militar en la reciente campaña del nor;e de Afríca -y cuyos ojos de estaño parecían querer restallar sangre sin aue los espejos metálicos d21 peristilo lograran contrarrestar su efecto, como otras veces-, acababa de recordarle no sin cierta concupiscencia, algo que él eludía vluntariamente y que le había causado el m~s terrible sueño de su vida: la obligatoriedad de presenciar la e;ecución del joven y estamado m:embro de la guardia de palacio, acusado de ur.a conjura contra el estado, tramada con el apoyo de una nueva secta religiosa, cuya filosofía y ritos gozaban de cieria simpatía entre algunos patricios cultivados y esnob.

Las flechas recorren su camino y yo tiemblo en la convicc’ón de que más hermosa es la nieve cuanto más se siente hollada por los cascos de los caballos. Amapolas tiñen el vientre y los muslos y mi sangre brota roja sobre el mar. Cada uno de los miembros acaba por rendir su estertor íinal al labio vengador del ángel aue observa incansable el grito evidente en el verde de los ojos y la denuncia crispada de las manos.

El calor estrangulaba todo posible grito ahogado en la habitual sonrisa, que también aparecía hoy como en las largas sesiones del Senado o en las recepciones oficiales, celebradas con toda la aburrida pompa que impone el último advenedizo, elevado a la categoría de cónsul por su admirable capacidad para destruir a los innumerables enemigos del Imperio. El sol declinaba lentamente, dejando entre los árboles un largo rastro de sangre, mientras los ojos del emperador bajan la escalinata, condenados a contemplar una vez ma.s el asesinato a sueldo de su propia estatua.

FRANCISCO A. CHICA

-Aguilera retorna ya investido por la infinita riqueza del mundo que él, siendo sólo una parte, ha deseado. Y retorna investido también por la infinita humildad de quien se reconoce instrumento, mano prestada como prestada fue la mano de Velázquez. Unicamente conjugando esos extremos se alcanza la grandeza. Aguilera trabaja de rodillas y pinta lo que ve: que es, por estar de rodillas, mucho más de lo que podemos ver nosotros.

(Quien mira el mundo con ojos más sencillos es quien lo ve complicado y mortífero y encantador y plural y valioso. Porque lo ve como es. Quien lo mira con ojos precavidos y astutos es el único que puede verlo simple. Porque ése no ve el mundo: se ve él.)

Aguilera -mirada y pincel limpios- ha erigido a la figura humana en compendio de todo el universo. Flores, paisajes, animales, astros no están alrededor de esa figura, sino como juguetes en sus manos, en sus ropas hinchadas casi navegantes, en sus densos tocados. Aquí, igual que en el ensueño de un adolescente, el orbe y su hermosura se ponen al servicio del pobre ser humano.

Quizá porque Aguilera, como buen español y buen pintor, ha comprendido que la putrefacción y la amargura y el sexo y la vana santería se cubren con la fastuosidad. Para eso se inventó nuestro barroco. Y del barroco nuestro sí que es Aguilera verdadero hijo pródigo.

ANTONIO GALA

Pien,,o, querido Pepe, que hubiese hecho bien mandándote cualquier último poema. Pero mis poemas siguen hablando de muerte: “Te han fallado los besos / que equivocaste siempre, como equivoca / siempre el hombre lo que ama”. O “Te darán fortaleza / a cambio de tu consentimiento. / El mundo es un perro generoso. / Todo volverá a ser azul. / Y aún te queda un espejo / donde observar a los que caen”. ¿Y esto qué les importa a nadie?

A1 final creo que he encontrado la íntima justificación, que tal vez yo mismo me negaba a encontrar: tenía miedo. Miedo a que dentro de mi historia, apareciera, como animal de fondo inevitable, un gato. Un gato triste que me ronda ; triste y siamés, con los ojos bellamente azules y algo bizco, cuyo nombre también empieza por A.

¿Te sirve esto?

Un abrazo.                                                                                          JOSE INFANTE

 

Nos reuníamos en casa de un amigo, en los atardeceres granadinos a oír música, a soñar… apenas teníamos catorce años. Me aburrían aquellas reuniones, asistía solo por amistad.

Pero Rita, hada misteriosa, gorda y dulce, me hizo tomar contacto con la literatura. De la mano de Rita García y sus libros, comienza mi búsqueda. Ella nos lanzó hacia el arte. De aquellos amigos, uno se hizo músico, otro, se inició en la poesía… otros fueron diluyéndose poco a poco y yo comencé en Granada (la del sueño) a recibir clases de dibujo y talla en madera. Trabajé en un taller de talla y dorado. Me aburría. Quería ser escultor y lo fuí hasta la edad de veinte años.

Después marcho a Barcelona (mi primera salida de Granada). En Barcelona conozco la gran pintura que se hace en España. Mis ojos se abren y despierto a la pintura de la mano del pintor vasco-catalán Carlos Buró.

Viajo de un sitio para otro buscando, no se qué, pero buscando algo que me hiciera saltar a otro plano, a otra esfera de mí mismo. Mis pasos me llevan a Karnak y Luxor. Ví algo extraño en aquellas paredes, en aquellas columnas… Ví cómo el tiempo había aprisionado los relieves y la pintura… como no queriendo dar aquella luz a la destrucción. Fue extraño, pero decidí, como en un rito, dedicarme por entero a la pintura, dedicarme a transportar algo… (Ahora estoy en el intento de cumplir aquella decisión). Después todo ha sido un ir y venir de un lugar a otro. Contemplo la lejanía del Renacimiento, me abstraigo con la pintura Flamenca, bebo del Románico Catalán y mis manos rozan la artesanía marroquí… pero Karnak sigue en mi recuerdo, en mí mismo, de tal forma, que a veces pienso que Karnak es una víscera más de mi ser. Sé que hay algo más lejano (más cerca), sé que posiblemente no sea la meta Karnak… por eso continúo buscando…

Pienso que puede ser Abisinia, Zagóra, Armenia… no lo sé, pero mi búsqueda será siempre hacia ORIENTE.

Pepe Aguilera

 

HOMENAJE A UN PINTOR
La Diputación Provincial de Málaga reúne en la Sala Alameda, su ámbito expositivo más emblemático, con mayores recursos y dimensiones, una recopilación de la obra de toda una vida del artista malagueño, nacido en Granada, José Aguilera. En seis ocasiones anteriores la Sala de Exposiciones de la Diputación de Málaga albergó obra reciente de Aguilera: en tres exposiciones individuales y otras tantas colectivas. Los fondos artísticos de La Diputación Provincial de Málaga acogen dos de sus obras más representativas: Aguilera es un artista de la casa.
Con esta exposición el Área de Cultura y Educación ha querido atender la demanda de ofrecer un pequeño homenaje manifestada por muchos malagueños: artistas, promotores culturales, investigadores, coleccionistas y sobre todo amigos. Lo hace con la nuestra José Aguilera. Mitos, Santos y Personajes desde la convicción de que los únicos homenajes válidos a los artistas son los que se hacen reuniendo y presentando a la contemplación del público lo más granado de su obra.
 
Mitos, Santos y Personajes
José Aguilera. Mitos, Santos y Personajes es un acercamiento a los problemas plásticos y planteamientos sociales más significativos que Aguilera ha afrontado en treinta años de actividad desde los presupuestos de una producción ya cerrada y a través de las distintas etapas y series productivas realizadas. Cada una de las fases y muchos de los problemas podrían dar pie a exposiciones monográficas pero la necesaria limitación en la cantidad ha permitido concretar y discernir mejor las propuestas y las soluciones adoptadas.
En José Aguilera. Mitos, Santos y Personajes se puede comprobar cómo un artista de los últimos años del franquismo, tras la necesaria etapa de búsquedas y ensayos, decide tomar lo aparentemente más tradicional, una pintura clasicista y de apariencia académica, para romper los criterios de la norma, y sin perder la apariencia, conectar con algunos de los problemas más significativos del momento: la represión, el erotismo, la homosexualidad, la tortura, la belleza, la historia y las artes. Reescribiendo eternamente las hechos y las costumbres aceptadas, con la educativa ambigüedad de los artistas, Aguilera ofrece un método de superación de lo moderno basado más en la reinterpreteación y transgresión de las soluciones aportadas por los clásicos que en la elisión o extremada concreción y minimación de los problemas plásticos que siguen los últimos representantes de lo moderno. Después, ya en la época democrática, centrará sus quehaceres en al confección de una galería de retratos inventados, o reinterpretados, homenaje continuo a las figuras de la historia y de la literatura siempre presentes en su y nuestra actualidad.
El Área de Cultura y Educación de la Diputación Provincial de Málaga no ha escatimado esfuerzos en buscar la obra de Aguilera allá donde se encontrara ya fuera Málaga o Bruselas, Granada o Santander, Barcelona o Valladolid, Madrid o Londres. De lo encontrado se ha realizada la necesaria selección, por razones de espacio y claridad expositiva. Con lo seleccionado tampoco ha eludido los deberes de una correcta presentación: estudio y fotografía de lo recopilado, restauración de las obras que lo necesitaban, enmarcado de las que se ha considerado conveniente. José Aguilera. Mitos, santos y Personajes es una producción expositiva totalmente exclusiva para esta Casa realizada gracias al trabajo del Comisario de la exposición, Isidoro Coloma Martín y los componentes de los servicios de Exposiciones del Área de Cultura y Educación.
En los textos del catálogo, Isidoro Coloma, haciendo gala de su condición de profesor de la Universidad malagueña, nos guía por la evolución artística y vital de Aguilera, y podemos, lo que me parece aún más importante, leer con facilidad los problemas plásticos y personales planteados en muchas de las obras que ahora se exponen.
Sólo queda agradecer a todos los coleccionistas privados, por encima del centenar, que han facilitado el acceso a sus casas para el estudio de la obra y, de manera especial, a los que nos han prestado alguna de las obras ahora expuestas, su contribución para el mejor conocimiento de la obra de un amigo común: José Aguilera Hinojo.
Montserrat Reyes Cilleza
Diputada de Cultura y Educación
Diputación Provincial de Málaga
José Aguilera
(Granada, 1938 – Málaga, 1998)
José Aguilera se inicia en el mundo del arte a través de la práctica de la talla en los talleres de Eduardo Espinosa, Aurelio López y Javier Castro Llamas, que completa con los estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Granada.
En 1961 se traslada a Barcelona donde conoce al pintor Carlos Buró, mentor, maestro y amigo que le introduce en el mundo del grabado, de la pintura y del arte en general. En Barcelona estudia las técnicas de grabado en el Antiguo Hospital de Santa Cruz. Sus cualidades innatas para el dibujo, desarrolladas en la práctica del grabado, serán una constante en toda su producción artística. A mediados de los 60 se dedica a realizar viajes formativos y vitales por Egipto (donde copiará inscripciones que desaparecerán con la construcción de la presa de Asuán) y varios países del Mediterráneo.
En 1966 funda el Grupo Tarot, dedicado al grabado, junto a los pintores Mercé Biadiú, Joaquín Serra, Rosa Biadiú y Jordi Sarrate. Con el grupo Tarot expone en varias ciudades españolas a la vez que se introduce con fuerza en el mundo de la literatura, la poesía, la historia y la música, donde va a encontrar los temas fundamentales de sus cuadros. En los últimos sesenta compatibiliza grabados, pinturas y dibujos para dedicarse a la obra única de forma definitiva cuando se afinca en Málaga en 1969 tras breves estancias en Granada. Sin embargo no desdeña en ninguna ocasión colaborar con libros o revistas poéticas, como ilustrador (Tragaluz, Unicornio, etc.)
Entre los años 1970-1978 practica una pintura de temática figurativa con abundantes connotaciones eróticas, simbólicas y surrealistas. La figura humana, y en menor medida el bodegón, es la protagonista de su pintura. En este período contribuye a la superación de las vanguardias mediante la transgresión de los modelos iconográficos más tradicionales adaptándolos y utilizándolos como soporte, agradable de ver y agresivo tras su comprensión, para denunciar los tabúes religiosos y morales más sangrantes del último franquismo. Mitos y Santos adquieren significados nuevos, y contrarios las más de las veces, a su tradicional acepción y funcionalidad, creando un “santoral” novedoso, aunque siempre necesitado de una preparación muy culta por parte del espectador.
En 1973 gana el Primer premio del Concurso de salas Culturales y de Exposiciones Ciudad de Valladolid por su exposición en la Galería de Arte Studium, con ejemplos señeros de este tipo de pintura.
En 1979 expone en el Museo de Málaga la serie Retratos de Bomarzo, Homenaje a Manuel Mujica Laínez.
En 1980 expone los Retratos Arábigo-Andaluces en La Madraza de Granada
En 1981 realiza una serie Sobre la Inquisición que expone en La Sala de la Diputación de Málaga.
En 1982 ocupa la galería Laguada de Granada con retratos de Granadinos sobre fondo gris.
Estas cuatro exposiciones conforman los mejores ejemplos de su segundo gran estilo pictórico dedicado a los retratos inventados. Son personajes históricos, literarios o de su entorno social y nostálgico a los que Aguilera quiere homenajear o hacer presentes mediante la concrección en una imagen. Esta imagen siempre tiene la forma de un modelo contemporáneo al que se le dota de caracterizaciones históricas, o literarias propias del personaje retratado. El resultado es una imagen que mezcla, en una creativa ambigüedad, notas de carácter de modelo y personaje para terminar presentando, y representando, con gran eficacia los temas clásicos del carácter humano: el poder, la delicadeza, el misterio, la ingenuidad, la sumisión, etc.
La exposición José Aguilera. Mitos, Santos y Personajes es un recorrido por el quehacer plástico de Aguilera, que sin pretensiones de antología pues los estudios sobre su obra aún son insuficientes, permite comprender, gracias a la reunión de obras complementarias, los dos grandes momentos creativos del pintor. Se completa con una somera visión de su etapa formativa y algunos ejemplos de su etapa final. De forma paralela se presenta una estricta selección de dibujos que, amén de demostrar sus extraordinarias cualidades para estas técnica expresiva, explicitan la complejidad y diversidad creativa del artista granadino-malagueño.

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