El Picasso que trajo (y se llevó) la riada

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El pintor compró él mismo un óleo donado para los damnificados del Vallès | La solidaridad de los artistas ante la tragedia que asoló el Vallès hace 50 años | El pintor pagó tres millones y medio de pesetas para que la obra llegara a los afectados | Braque, Léger y Miró fueron repescados en una segunda subasta en la televisión francesa

Cultura | 24/09/2012 – 00:00h

Teresa SeséTERESA SESÉ

Barcelona

 

El Picasso que trajo (y se llevó) la riada

Mujer con perro o Jacqueline y su perro afgano, la obra cedida por Picasso para la subasta LVD

En 1962, cercana aún su boda con Jacqueline Roque y mientras el mundo del arte celebra sus 80 años, Picasso entabla una feroz lucha contra el tiempo desde su nueva residencia de Mougins, donde, como temeroso de interrumpir el paso de las horas, se entrega en cuerpo y alma a la creación con el entusiasmo de un principiante. Es allí, en la gran casona estudio de Notre-Dame-de-Vie donde, plantado frente al televisor, se entera de una tragedia estremecedora: las aguas del desbordado río Ripoll están arrasando todo lo que encuentran a su paso -entonces aún se hablaba de desaparecidos, pero perderían la vida un millar de personas- dejando el Vallès como un inmenso desierto de fango. El malagueño está conmocionado. Ante sus ojos ve desaparecer parte de aquella Barcelona que le deslumbró de adolescente y le reveló la modernidad, y con la que siempre estuvo vinculado emocionalmente.

El drama se había desatado el 25 de septiembre, un día antes de que la noticia recorriera Europa a través de las televisiones y los diarios internacionales. Apenas unas horas después, el pintor trata sin éxito de ponerse en contacto con sus amigos de Barcelona y finalmente el día 27 consigue hablar “triste y lloroso” con Ana María Torra, la esposa del editor Gustavo Gili. Le cuenta que ha decidido donar un cuadro para los damnificados del Vallès y le urge para que ella misma viaje lo antes posible a recogerlo a Mougins. “Que te acompañe Elvira Farreras”, le sugiere. Elvira forma parte también de su círculo de amistades y es la esposa de Joan Gaspar, su galerista barcelonés. “Acudimos a casa de Picasso y estuvimos todo un día para escoger la obra. No se decidía entre las muchas que tenía en casa porque quería regalar una que pudiera alcanzar un precio elevado en subasta. Al final, Jacqueline le sugirió que donara una que le había regalado a ella”, recuerda la propia Elvira Farreras en Memòries. Art i vida a Barcelona, el libro-conversación que publicó mano a mano con su marido.

El cuadro, un espléndido óleo que había estado expuesta no hacía mucho en la Galerie Leiris de París (entonces Picasso se negó a venderlo: lo reservaba para su colección particular), era un retrato de Jacqueline con un perro, que en el citado libro Elvira Farreras identifica como un dálmata pero que en el catálogo de la exposición De Pablo a Jacqueline que le dedicó el Museu Picasso de Barcelona a comienzos de los 90, se identifica como Jacqueline i gos afgà. En todo caso está claro que era una obra muy importante para el pintor, apunta Eduard Vallès, uno de los máximos especialistas de la etapa barcelonesa del pintor. “Picasso se tomó el tema con una gran sensibilidad. Cuando nos despedíamos nos insistió en que tratáramos de sacar el máximo dinero posible…”, insiste Elvira, quien junto a Ana Maria Torra aterrizó en el aeropuerto de El Prat el día 29 (han pasado sólo cuatro días del desbordamiento del río) con el óleo enrollado bajo el brazo. “El gesto de Picasso fue importantísimo porque luego le seguirían muchos otros”, añade Vallès. Miró, Dalí, Tàpies, Braque, Chagall, Léger, Clavé, Cuixart, Cumella, Tharrats… Se reunieron 204 obras que fueron expuestas en las naves góticas del antiguo hospital de la Santa Creu entre el 1 y el 16 de diciembre. La organización de la subasta corría a cargo de la Diputación de Barcelona, entonces presidida por el marqués de Castell-Florite. “Picasso estaba impaciente, quería que el dinero de la venta del cuadro llegara a los damnificados lo antes posible y no entendía a qué venía tanto retraso”, recuerda Joan Gaspar, que aún recuerda el día en que el malagueño llamó a sus padres y les dijo que él mismo compraba el cuadro. Pagó tres millones y medio de pesetas por él. “Fue una historia un poco sórdida”, en palabras de su madre. Aunque siempre se había dicho que la subasta acabó sin comprador y que esa fue la razón por la cual Picasso decidió comprarlo, el galerista señala que en realidad Picasso la retiró antes de la fecha de cierre al ver que no se vendía; “no entendía lo que estaba pasando, y aquello molestó mucho a las autoridades locales”. En su camino de retorno a Mougins, el cuadro cruzó de nuevo la frontera bajo el brazo de un cabizbajo Alexandre Cirici, a quien el pintor, pese a todo, recibió con los brazos abiertos.

Las crónicas de la época no aclaran lo sucedido -ni siquiera lo mencionan: lo más probable es que se llevara en secreto- aunque algunos comentarios, como el publicado por ERO en este diario, dan idea del escepticismo con que fueron acogidas por la sociedad de la época buena parte de las obras: “Ahí están, para confusión y tortura de críticos y aficionados, las telas de Braque y Picasso, Chagall y Dalí, Tàpies y Miró, Léger y Grau Sala… Muchos, muchísimos pintores, casi doscientos. ¡El delirio! Algunos lienzos abstractos semejan toscos enlucidos realizados por hábiles albañiles portugueses (…)”. Además del Picasso, los cuadros más caros que se subastaron fueron los de Miró, Dona en la nit (cuatro millones de pesetas) y Dalí, El Crist del Vallès (un millón y medio), el único que fue pintado expresamente para recaudar fondos y que, como ha señalado Ian Gibson, “muestra a un Cristo demacrado suspendido entre las verdosas nubes que se ciernen sobre el paisaje catalán anegado”. Este último fue comprado por el matrimonio Giuseppe y Mara Albaretto, y según han contado ellos mismos en la puja tuvieron que competir con El Corte Inglés, recuerda el periodista y experto en Dalí Josep Playà.

Tàpies y Clavé salieron a subasta por 200.000 pesetas cada uno. Pero, ¿qué sucedió en realidad? ¿Cuántos se vendieron y cuántos se quedaron por comprar? A falta de documentación oficial que este diario no ha podido encontrar en los archivos institucionales, la prensa informaba ¡un año después, en febrero de 1963!, que la recaudación ascendía a 10 millones de pesetas, y unos meses más tarde el marqués de Castell-Florite precisaba: algo más de cinco millones correspondían a la subasta de Barcelona (de los que 3,5 correspondían al Picasso) y los otros cinco a una posterior subasta televisada desde París, en la que se repescaron las obras que habían sido donadas por Braque, Chagall, Léger y Miró.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20120924/54351012474/el-picasso-que-trajo-y-se-llevo-la-riada.html#ixzz2BfZdPB8u
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